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lunes, 29 de enero de 2018

LA BOBINA MARAVILLOSA

Hola a todos. Vamos a comenzar este curso con una lectura que habla sobre la vida, las personas, el ser humano y su curiosidad.
Os invito a leer este pequeño cuento y a que escribáis vuestras ideas, opiniones y reflexiones depués de leerlo. Podéis hablar sobre cualquier tema que se os ocurra a partir de la lectura.
Bienvenidos a todos.

La Bobina Maravillosa

Erase un principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de haber recibido una buena regañina por su pereza, suspiro tristemente, diciendo:
¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que me apetezca?
Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz:
Trátame con cuidado, príncipe.
Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se irá soltando. No ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven.
El príncipe, para cerciorarse, tiró con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto príncipe. Tiró un poco más y se vio llevando la corona de su padre. ¡Era rey! Con un nuevo tironcito, inquirió:
Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?
En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él y siguió soltando mas hilo para saber como serían sus hijos de mayores.
De pronto se miró al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos nevados. Se asustó de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su vida estaban contados! Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo. Entonces la débil vocecilla que ya conocía, hablo así:
Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues tu castigo.
El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de provecho.

Fin





¿Sabemos lo que es la inteligencia?

Las inteligencias múltiples son algo muy conocido en la última década. Y todo se lo debemos a Howard Gardner, el autor de dicha teoría.

Ire hablando de estas inteligencias, de como las podemos identificar, aprovechar y descubrir, ayudándonos de expertos que nos aconsejan e informan.

Si entras en este enlace te explican de manera muy clara en que consiste cada una de ellas:

Pero ahora, y como comienzo de este blog, me gustaría comenzar hablando de la Inteligencia Emocional (IE), que es una de las inteligencias que poseemos.
Según Anahí Garcia directora del Instituto Pigmalion, la inteligencia emocional (IE) es “la capacidad de usar nuestros sentimientos y emociones para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos y mantenernos optimistas, en vez de permitir que nos dominen y se tornen en contra nuestra”.
Ella misma menciona a otros dos autores con sus respectivas definiciones. Salovey y Mayer la definen como “la habilidad de percibir emociones, generarlas y entenderlas, con el fin de regular adecuadamente las emociones y así promover un crecimiento intelectual y emocional”. A su vez Goleman la describe como “el conjunto de habilidades de tipo personal y de relación social, en las que las propias emociones, su conocimiento y control tienen un papel fundamental”.
Cuando descubrí esto, me sorprendió ver de lo que somos capaces si realmente nos lo proponemos.

Cuando ser profesor va más allá del currículo

Todos los docentes sabemos que no existen dos grupos de alumnos iguales, que el proceso de aprendizaje (y por lo tanto de enseñanza) varía dependiendo de muchos factores, y sobre todo que no existe un “libro de instrucciones” al que podamos recurrir cuando se nos presentan algunas situaciones inusuales.
 Yo voy a hablar de mi experiencia. En mi caso (soy profesora de español a extranjeros), la inmensa mayoría de los alumnos que asiste a mis clases son mayores de edad, y en un porcentaje muy elevado se trata de estudiantes universitarios que vienen a nuestro país a completar sus estudios por requisitos de su titulación, y por lo tanto vienen buscando los tan cotizados hoy día créditos. En otros casos se trata de alumnos que, aun siendo universitarios, se han tomado un año sabático, por lo que en su caso el aprendizaje no está supeditado a la obtención de los créditos. También los hay que aprovechan sus vacaciones en nuestro país para acercarse un poco más a la lengua de Cervantes, y no debemos olvidarnos de aquellos que por diferentes razones habitan en nuestro país y deciden profundizar o mejorar sus conocimientos de español por razones personales o profesionales, o simplemente para evitar  “destacar” mucho entre la población española y poder tener recursos suficientes como para salir airoso en algunas situaciones en las que por ejemplo algún que otro entrenador de fútbol de cuyo nombre no quiero acordarme y cuyo club no quiero mencionar, salvaba la mayoría de sus intervenciones públicas con aquella famosa frase de “tú siempre negatifo, nunca positifo”


Pero aparte de las intenciones académicas de cada uno de ellos, hay algunas situaciones concretas que dificultan y a veces hacen casi imposible el aprendizaje. Mencionaré algunos casos. Una vez tuve una chica de origen estadounidense, que tenia dentro  y fuera de clase un comportamiento podíamos decir anómalo, lo cual provocaba situaciones extrañas ante las que ni sus compañeros ni yo misma sabíamos cómo reaccionar: se levantaba a veces sin razón aparente y volvía a sentarse, otras veces preguntaba con un tono de voz claramente exagerado…. Y finalmente un día cuando hablé con ella para informarla de que tenía problemas con su asistencia y que eso daría lugar a la no obtención del certificado, me reconoció que el certificado le daba igual, que ella no quería estar allí pero que sus padres la habían enviado en contra de su voluntad, según su opinión porque no sabían qué hacer con ella. En aquella charla me enteré de que esta chica padecía una esquizofrenia diagnosticada.

En otra ocasión tuve a un invidente en clase, y fue realmente complicado ya que en los manuales y libros que existen de Español como segunda lengua, no los hay adaptados para invidentes, aunque este chico disponía de un programa de ordenador que le hacía prácticamente todo el trabajo.
El curso pasado tuve una alumna que padecía un trastorno, al parecer muy común en EEUU (aunque aquí en España yo nunca he conocido a nadie con este trastorno) y del que no recuerdo el nombre, pero que se manifiesta con reacciones de diferente índole, espontáneas y normalmente no controladas  que se producen en el afectado; pueden soltar un grito, o sufrir una convulsión, o hacer sonidos extraños……  En este caso concreto la chica emitía unos sonidos, nada agradables he de reconocer, que tuvieron como consecuencia una evidente y clara discriminación dentro del grupo, no sólo en el comportamiento o ignorancia hacia ella, sino que incluso físicamente la distribución de los alumnos dentro del aula cambió ya que TODOS optaron por sentarse lo más lejos posible de ella, y el cooperativo en clase a duras penas se realizaba.
Podría contar muchos más casos, pero todos ellos me llevan a la misma pregunta: ¿Cuál es nuestra labor como docentes en estos casos? ¿Hemos de limitarnos a impartir las enseñanzas plasmadas en nuestros respectivos currículos? ¿O por el contrario forma parte de nuestra labor “entrar” y vernos implicados en algo que no tiene que ver con nuestro trabajo de “enseñanza”? En mi caso concreto, reconozco que me implico y que intento que al menos en la dinámica de clase, estos inconvenientes no dificulten demasiado el desarrollo normal de la clase.
Al principio comentaba que no hay libro de instrucciones, y creo que es nuestra intuición, nuestra empatía y nuestra sensibilidad la que nos puede ayudar a salvar este tipo de obstáculos. Y termino mi reflexión con una pregunta:
ChisteForges2
¿EN QUÉ CONSISTE ENSEÑAR?